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Prácticas para optimizar la efectividad en tiempos de crisis

Siempre pensando en cómo mejorar los ambientes de trabajo y ofrecer herramientas para que desde Recursos Humanos seamos más efectivos y proactivos en el manejo del personal, queremos describir algunas técnicas positivas que nos ayudan a hacer frente a la presión de los plazos de entrega, la necesaria productividad y la baja de personal.

 

Todos sabemos que en determinados momentos las organizaciones pasan por momentos de crisis que ponen a prueba el compromiso de los trabajadores y exigen un esfuerzo extra mental y físico para realizar las actividades. Los líderes y encargados de RRHH deben velar para que el equipo se siga sintiendo a gusto en sus labores y evitar fugas cuando más necesitamos a los empleados. ¿Qué hacer? Afrontar los desafíos con determinación y cambiar a formas de trabajo más inteligente.

 

Evitemos los errores comunes que afectan la efectividad

 

Exceso de complejidad: las tareas demasiados complejas pueden provocar cansancio y desmotivación, pero la cantidad necesaria puede servir de ejercicio mental. Revisemos internamente cada proyecto y verifiquemos que no exista un exceso de dificultad o trabas al momento de realizar alguna actividad.

 

Falta de autonomía:  muy de la mano con el punto anterior, cuando los trabajadores no cuentan con cierto nivel de autonomía se producen retrasos innecesarios. Cuando hay que verificar constantemente con figuras de autoridad limitamos la independencia que puede traer eficacia en el trabajo.

 

Poca recompensa: cuando exigimos de más a nuestros empleados debemos darle una recompensa equivalente. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de que nuestro equipo pierda el impulso e incluso abandone la empresa.

 

Prácticas positivas

 

Planificación organizada: evitemos las urgencias y las reuniones innecesarias, la pérdida de tiempo genera estrés y cansancio.

 

Líderes disponibles: en los momentos de crisis los guías deben estar presentes para dar respuestas oportunas y apoyo constante.

 

Paradas activas: incluso en los momentos de mayor trabajo debemos permitir que el equipo se relaje, salir del asiento y desconectarnos para luego concentrarnos de nuevo.

 

Delegar responsabilidades: dar confianza a quien lo merece nos permite agilizar la supervisión de las actividades. Cuando se delegan las funciones y se establecen plazos concretos de revisión favorecemos la administración correcta del tiempo.

 

Escuchemos al equipo: no asumir que todo el equipo está de acuerdo con los procesos; en cambio si escuchamos a los colaboradores podemos encontrar mejores y maneras más creativas de hacer las cosas.

 

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